viernes, 16 de enero de 2009

OVEJAS BLANCAS, OVEJAS NEGRAS, O LA HABILIDAD SIMPLISTA


El conflicto árabe-israelí es un tema excesivamente complejo y, en mi opinión, no cabe la reducción simplista de sus ramificaciones.

Todas las opiniones son muy respetables y yo, desde luego, las respeto. Sin embargo, no creo que nadie esté en posición de decidir qué se puede decir y qué no sobre este conflicto. Censurar una opinión por el simple hecho de no coincidir con la nuestra es más bien propio de otras épocas y otros planteamientos políticos.

Todos nosotros (la gente de izquierdas en general y la de IU en particular) sentimos cierta inclinación hacia el pueblo palestino y cierto desagrado hacia el israelí (algunos bastante más que eso). Pero las cosas no son blancas o negras (afortunadamente) y no hay ni dioses ni demonios. Ni los israelíes son tan malos ni los palestinos tan buenos.
En este Partido nuestro, quizás existe demasiado radicalismo teórico y tendemos a ver lo que nos agrada con demasiada condescendencia y lo que nos repele con excesiva dureza.

El sionismo, al menos en su origen a finales del XIX, no fue sino un movimiento político de corte nacionalista que pretendía que los judíos no son un grupo religioso sino una etnia o un grupo nacional y que, por tanto, tienen derecho a crear su propio Estado en el territorio en que históricamente habitaron.
Yo considero este planteamiento erróneo y sin fundamento. Los judíos no son una raza sino un grupo de personas con creencias y cultura comunes (como lo son los cristianos o los musulmanes). Pero de ahí a demonizar todo lo judío hay un camino cuyo recorrido tiene difícil justificación.

Por otro lado, a nadie se le escapa que los ataques israelíes sobre Gaza, que llevan segando vidas de civiles palestinos por espacio de tres semanas, deben terminar de inmediato. Y que las autoridades del país no respetan ni las peticiones de la Comunidad Internacional ni la vida humana. No lo han hecho nunca. Pero tampoco que Hamas es un grupo terrorista y que sus prácticas no son 'demasiado' ortodoxas. Son las dos caras de la misma moneda, la de la intolerancia religiosa. Sin embargo, yo no juzgo a los pueblos por la actuación de sus dirigentes. Ni a los unos los trato de genocidas ni a los otros de terroristas. Sí a sus gobiernos.

Quizás a muchos no os guste esta entrada pero creo que la riqueza de este agregador está en su disparidad de opiniones. Eso fomenta el debate y mantiene vivos nuestros blogs.

Acabemos con la invasión de Gaza pero no seamos simplistas. No sólo hay ovejas blancas y ovejas negras. La historia de los territorios que unen África y Asia es demasiado rica y tanto palestinos como israelíes habitaron la zona en diferentes épocas. 
El rey Salomón, gran sabio y erudito según el relato bíblico, rey de Israel en el siglo X a. de C., recibió a dos mujeres que reclamaban a un mismo niño (1Reyes 3:16-28):



"En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras y se presentaron ante él.
Una de ellas dijo: --¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer habitábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. Aconteció que al tercer día de dar yo a luz, esta dio a luz también, y habitábamos nosotras juntas; ningún extraño estaba en la casa, fuera de nosotras dos. Una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Ella se levantó a medianoche y quitó a mi hijo de mi lado, mientras yo, tu sierva, estaba durmiendo; lo puso a su lado y colocó al lado mío a su hijo muerto. Cuando me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, encontré que estaba muerto; pero lo observé por la mañana y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.
Entonces la otra mujer dijo: --No; mi hijo es el que vive y tu hijo es el que ha muerto.
--No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive -- volvió a decir la otra.
Así discutían delante del rey.
El rey entonces dijo: «Esta afirma: "Mi hijo es el que vive y tu hijo es el que ha muerto"; la otra dice: "No, el tuyo es el muerto y mi hijo es el que vive"». Y añadió el rey: --Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
En seguida el rey dijo: --Partid en dos al niño vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra.
Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y le dijo: --¡Ah, señor mío! dad a esta el niño vivo, y no lo matéis.
--Ni a mí ni a ti; partidlo --dijo la otra.
Entonces el rey respondió: --Entregad a aquella el niño vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
Todo Israel oyó aquel juicio que había pronunciado el rey, y temieron al rey, pues vieron que Dios le había dado sabiduría para juzgar".

Tras el reinado de Salomón, Israel quedó dividida en dos reinos, Israel, bajo el reinado de Jeroboam, y Judá, bajo el de su hermano Roboam. Hizo lo que evitó con aquel niño, partirlo por la mitad.
Algún día, no muy lejano, israelíes y palestinos serán capaces de repartirse el territorio que pisan y tolerarse mutuamente. Hasta entonces, no simplifiquemos.

jueves, 15 de enero de 2009

¿SOBREVIVIRÁ ISRAEL AL ASALTO DE GAZA?


A medida que las tropas israelíes avanzan sobre la ciudad de Gaza, los jefes de la expedición se enfrentan a un peligroso dilema: ¿Hasta dónde avanzar en el intrincado laberinto de campos de refugiados y casas derruidas? 
Cada día que pasa, la operación militar de Israel contra Hamas aumenta en riesgos y en costes: riesgo de perder toda opción de resolución del viejo conflicto árabe-israelí; riesgo de convertir el holocausto nazi en algo apenas recordado; y coste por la pérdida de vidas de civiles palestinos y de la dignidad humana. Muy probablemente jamás recupere el pueblo judío la altura moral de la que hacían gala sus antiguos reyes.

La interrogación del título no es una errata. Que Gaza resistirá el ataque israelí es evidente. La pregunta es si Israel resistirá en los próximos años la pujanza incontenible del colectivo árabe. La ofensiva en Gaza puede mermar la capacidad de Hamas para amenazar el sur de Israel, pero, tal y como ocurrió en 2006 con la guerra israelí contra Hizballah en Líbano, la utilización de la fuerza no acabará con el fervor ideológico de sus militantes. Máxime cuando el ataque surge de un fervor religioso similar por parte de los judíos. Antes bien, la furia antisemita se propagará por la región más de lo que ya lo está.

En algún punto, Israel deberá elegir entre vivir junto a un Estado Palestino independiente o ver al pueblo judío convertido en una minoría dentro de su propia tierra. No son pocos los judíos que, teniendo en mente el abrumador aumento demográfico de la población árabe en la franja de Gaza, empiezan a pensar en el abandono del sueño bíblico de una Gran Israel extendiéndose desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo. Temen que aferrarse a la obsesión de conquistar Gaza y Cisjordania, como rezan los religiosos sionistas, sea el fin de su pueblo.

En muchos aspectos, Israel actúa como Estados Unidos. Realiza la cura antes de recibir el golpe. Y, a pesar de autodefinirse como el país más democrático de Oriente Medio, su poderío militar le lleva a mofarse de las resoluciones de una ONU inefectiva, incapaz y bloqueada por los intereses filojudíos.

Harakat al-Muqáwama al-Islamiya es una organización nacionalista islámica radical, declarada organización terrorista por medio mundo. Sin embargo, nadie que se tome el tiempo de realizar una simple operación mental lógica puede rechazar el derecho del pueblo palestino a constituirse como Estado.

La guerra preventiva sólo trae consigo pérdida de vidas humanas. Y tal y como acabó la invasión del Líbano acabará la invasión de Palestina: miles de muertos, Hamas enseñando el culo a los tanques israelíes, al estilo de William Wallace frente a los ingleses, y, en el cuerpo, más miedo que vergüenza. 

Por esos miles de muertos, gritemos por el fin de la invasión del pueblo palestino y por la paz entre árabes y judíos.


martes, 6 de enero de 2009

EL SER VACÍO O EN BUSCA DEL ALMA INEXISTENTE (Relato corto, parte II)


Un rayo, enviado por mis demonios, había acabado con la vida de Alma y, a la vez, con la mía. Si algún rastro de humanidad me quedaba, en ese mismo instante, desapareció. Ella había sido, durante años, MI alma. Y ahora, ni la tenía a ella, ni jamás volvería a tener alma alguna.
Mi infancia terminó de un bandazo y, sin mediar aviso, aterricé en la plena madurez de mi personalidad. 
Caminé durante horas, arrastrando el pesado cadáver de Alma tras mis pasos, hasta llegar a casa. La vieja me esperaba sentada frente al fuego. Al verme demacrado y blanco de frío, con el cuerpo inerte y ennegrecido de Alma en el suelo, se asustó. Corrió a por todos sus amuletos, cirios y demás zarandajas rituales. Cuando se hubo tranquilizado y estuvo de nuevo sentada, yo aún permanecía de pie junto a la puerta. Me tapó con una manta y, comprendiendo lo ocurrido, masculló entre dientes que, al fin y al cabo, sólo era una perra y que ya encontraría otra cosa con la que pasar el rato.

Ni mis diez años ni mi estado de semicongelación pudieron frenar la ira que se apoderó de mí. Fui hacia la chimenea, tomé el atizador y arremetí contra la vieja una y otra vez, y otra vez, y otra vez, hasta que caí extenuado.
Su sangre no era roja, como yo imaginaba. Era más bien de color negruzco y muy espesa. Parecía brea dispuesta para calafatear su propio ataúd. En ese momento, en aquel sucio suelo de madera, supe para qué había nacido en realidad. A partir de entonces, dedicaría mi vida a robar almas. Debía poseerlas. Esa había sido siempre la finalidad última de mi existencia.
Traté de capturar la de la vieja antes de que se alejara de su cuerpo, aún caliente. Pero no salían más que vapores hediondos. Ni rastro del alma tan ansiada por mí.

Desde ese día me acercaba cada noche a los pueblos de la zona y buscaba almas. Las elegía sin especial interés aunque procuraba que sus portadores no fueran muy corpulentos. Sofistiqué mis métodos. Pero con los siguientes ocurrió, invariablemente, lo mismo. Tan sólo aquel humeante olor saliendo de las vísceras de los fulanos. Jamás nada parecido a un alma.
La sexta o séptima vez, empecé a temer que estuviera haciendo algo mal. Sin embargo, sobre la veintena, acabé por aceptar que, descartada la remota posibilidad de haber escogido a todas las víctimas carentes de alma, ningún humano poseía una.
A mis doce años, y convencido de mi descubrimiento, empecé a encontrar cierto placer en lo que hacía. Me hice consciente de que no era capaz de controlarme y acabé por convertirme en un espíritu nocturno en busca de víctimas.
Los demonios no lanzaron aquel rayo contra Alma. El rayo era para mí. Y me alcanzó. Ya que no en el alma, sí en el corazón.
Realmente, la vieja tenía razón cuando me llamaba "niño piedra".

Hoy, espero sentado a que mi sentencia se ejecute. No tengo miedo. He matado a cientos y sé que nada dejo aquí y nada encontraré allí. Mi vida acaba como empezó: con muerte a mi alrededor y con ese sabor a sangre en la boca, tan familiar...

Firmado: CALÍGULA

viernes, 2 de enero de 2009

EL SER VACÍO O EN BUSCA DEL ALMA INEXISTENTE (Relato corto, parte I)



He rescatado un relato que escribí cuando tenía 18 años. Quizás no sea un cuento de Navidad al uso... Sin duda, no lo es. Pero, rebuscando entre papeles olvidados, han saltado a mis manos estas letras desordenadas. Tal hallazgo merece, en mi opinión, no caer de nuevo en el olvido.
Por eso lo presento ante vosotros, con independencia de su mayor o menor valor literario, como un hijo pródigo que vuelve a los brazos de su padre y que no es juzgado por su huida, sino por su vuelta a casa. 



Me presentaré. Me llamo Mefisto y voy a morir. No pediré que nadie crea el relato que voy a escribir. Ni yo mismo distingo ya entre sueño y realidad. Sin embargo, y dado el poco tiempo del que dispongo, poco importa ya quién lo sepa o quién lo crea.

Siempre fui de esos que deambulan sin rumbo por la vida. De esa clase de seres cuyo corazón se empequeñece a la vez que aumentan su odio y su miseria, y en igual proporción. Alguien normal en nuestro tiempo.
Sin embargo, mi miseria era mayor. Yo no tenía alma. Y, de niño, creía que no podía haber mayor desgracia que carecer del único elemento sobrenatural, no mundano, de que el hombre es poseedor. Por eso, yo era el más hombre de todos los hombres, el más humano en tanto que menos divino.
Siempre había sabido que no tenía alma. La vieja, medio bruja medio serpiente venenosa, solía referirse a mí como "el niño piedra". Decía que los dioses y los demonios no se pusieron de acuerdo sobre la naturaleza que yo debía adoptar en la Tierra y de la discusión surgió un engendro, con aspecto humano, pero carente de vida y sin alma.
Ni los dioses me habían conferido el más mínimo carácter, ni los demonios la menor sombra de inteligencia.
Así fui definido, desde siempre, por quien decía ser mi abuela. Basaba todos sus razonamientos en el hecho, tan desafortunado como fortuito, de la muerte de mi madre durante el parto. Eso y que, según decía, nací del revés. Cuando asomaron mis pies al mundo, ella espiró su último hálito.
La vieja, solía hacer rituales en torno a mí, con un ejército luminoso de cirios, amuletos y otros extraños objetos que me aterraban y cuyo nombre nunca supe. Algo así le ocurría a ella conmigo. En cierto modo, me temía por lo que de desconocido presentía en mí. Creo que por eso me lavaba incansablemente con agua y azufre. Debía ser su receta mágica contra lo excesivamente humano.

Sin embargo, en medio de aquella locura, el contrapunto y absoluto contraste con la vieja, era Alma. Ella sí me comprendía y por eso la amaba. Había aparecido un día de verano fingiendo haberse perdido -eso creo yo- y la vieja la llamaba así porque los dioses benévolos, al ver mi desprotección, habían creado la parte que me negaron al nacer y la habían enviado para protegerme.
Alma y yo fuimos siempre como dos partes del mismo cuerpo. Jamás me separaba yo de ella ni ella de mí. Sentía su calor siempre cercano y mi corazón se tranquilizaba, incluso en los satánicos rituales de la vieja.
Durante años me pregunté cada noche, junto a Alma, qué habría sido de los demonios que también participaron en mi creación. Los dioses me habían dado a Alma. ¿Y los demonios?

Cuando no hacía frío todo era verde alrededor del viejo caserón de madera en el que vivíamos. Alma y yo habíamos ido a jugar por las largas praderas al pie de las montañas. Era un día de sol de mitad de la primavera. Pero al atardecer, como si las empujaran, las nubes fueron bajando y se presentó la tormenta. Los rayos inundaban el cielo con su luz, entre negros nubarrones y un aguacero sin fin. El desastre nos sobrevino en un pequeño claro de la ladera del monte Oscuro que, según la vieja, era habitado por extrañas criaturas perversas que, al contrario que yo, poseían alma -¿cómo era posible que seres tan malvados tuvieran alma y yo no?-.
La tormenta se tornó, de repente, mucho más furiosa y los rayos comenzaron a alcanzar las cotas altas del monte. Alma y yo nos refugiamos bajo un enorme árbol. Sin embargo, ella quería seguir jugando. Yo le gritaba para que volviera pero hacía como que no me escuchaba.
Todo ocurrió muy deprisa. La vi corriendo hacia mí y, un instante después, yacía calcinada en el suelo verde, sobre una gran mancha de negrura infinita.

Finalmente obtuve respuesta. Los dioses me habían enviado a Alma; los demonios me la robaron.

Firmado: CALÍGULA

lunes, 22 de diciembre de 2008

ARREPIÉNTETE Y REPITE CONMIGO: LA TIERRA ES PLANA


Me sorprende comprobar que, aún hoy, muchos sostienen que en la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. Sin duda, esta creencia se generalizó en el siglo XIX tras la publicación de una obra del norteamericano Washington Irving de 1828, The life and voyages of Christopher Columbus, en la que este afirmaba tal cosa. Muchos libros de texto en Estados Unidos aún lo afirman. Y muchas personas creen en el mito de que incluso Colón aceptaba tal planicie al iniciar sus viajes. De hecho, Colón planteó sus periplos como ruta alternativa para llegar a las Indias por mar, por lo que, evidentemente, él creía en la forma circular de la Tierra.
Y no sólo eso. Hay quien defiende aún, en lo que no deja de ser una pose testimonial a favor de la Iglesia más que una postura real, que la Tierra es el centro del Universo.
Y es que la tesis de la redondez de nuestro planeta era defendida ya por los griegos, varios siglos antes de nuestra era. Pitágoras, filósofo y matemático del siglo VI a. de C., o Aristóteles, uno de los más grandes filósofos de la Antigüedad, del siglo IV a. de C., ya daban por cierta esta hipótesis.
Resulta increíble como Eratóstenes, matemático, astrónomo y geógrafo, calculó, en el siglo III a. de C., la circunferencia de la Tierra, partiendo de la convicción de que nuestro planeta era redondo:
Por referencias obtenidas en la biblioteca de Alejandría, de la cual fue director hasta su muerte, sabía que Siena (actual Asuán, en Egipto) estaba situada exactamente en la línea del trópico de cáncer, dado que en el día del solsticio de verano el sol no proyectaba ninguna sombra en el suelo, es decir, estaba justamente encima. Suponiendo que Siena y Alejandría tenían las mismas coordenadas de longitud (realmente distan 3 grados) y que el sol estaba tan alejado de la Tierra que sus rayos podían considerarse paralelos, midió el ángulo de la sombra que se proyectaba en Alejandría ese mismo día y obtuvo 7,2 grados (en realidad son 7,08).
Eratóstenes sabía que ese ángulo equivalía al formado por las dos ciudades y el centro de la Tierra, así que dividió su tamaño por 360, el número de grados que tiene el círculo, para determinar la fracción del planeta que separaba Siena de Alejandría, obteniendo como resultado 1/50. Es decir, si caminas de Siena a Alejandría 50 veces, habrás recorrido el equivalente a la circunferencia de la Tierra.
Sólo restaba medir la distancia exacta entre las dos ciudades y multiplicarla por 50. Estableció esa distancia en 5.000 estadios con lo que la distancia de la circunferencia de la Tierra debía ser de 250.000 estadios. Suponiendo que tomó como medida el estadio egipcio (algo más de 157 metros) y no el griego, logró un resultado final de 39.300 kilómetros.
Teniendo en cuenta que la distancia real alrededor de nuestro planeta es ligeramente superior a 40.000 kilómetros (dependiendo de si medimos por el ecuador o por los polos), su error fue de tan solo el 1 ó el 2%.
Sus predicciones sirvieron para que más de 1.700 años después un tal Colón se aventurara a ir desde España hasta la India por el lado oeste del planeta y se topara con más tierra de la esperada.
Ya en el siglo I, Plinio el Viejo, o en el II, Ptolomeo, afirmaban que la comunidad científica estaba de acuerdo, en su mayoría, en aceptar que la Tierra era redonda. Otra cuestión fue dilucidar qué giraba alrededor de qué, la Tierra alrededor del Sol o viceversa.
Platón y Aristóteles, ambos base del pensamiento filosófico posterior, plantearon una cosmovisión en la que nuestro planeta era el centro del universo. Estaría en vigor, en la versión completada por Ptolomeo, hasta el siglo XVI, con la inestimable ayuda de la retrógrada Iglesia Católica que defendía el geocentrismo como eje fundamental de las afirmaciones de su libro sagrado, la Biblia.
Por otro lado, Aristarco de Samos propuso, en el siglo III a. de C., la teoría según la cual el Sol era el centro del universo y todo lo demás giraba a su alrededor. Sin embargo, no sería tenida en cuenta hasta que, en el siglo XVI, Copérnico, en su obra De Revolutionibus Orbium Coelestium, sustentó, mediante cálculos matemáticos, la teoría que lleva su nombre. A pesar de los esfuerzos de la Iglesia Católica por ocultar tales descubrimientos, científicos posteriores como Galilei, Kepler o Descartes, terminaron de dar forma en los siguientes años al inicio de la revolución científica. En 1992, la Iglesia Católica rehabilitó a Galilei de su condena por hereje más de tres siglos antes.
Mis tristes saludos a la Contemporary Association for Biblical Astronomy, dirigida por el físico Gerhardus Bouw, que definde en la actualidad la idea geocéntrica del universo. Su existencia nos trae el hedor más pestilente de lo que significó la Iglesia Católica en el pasado y nos recuerda lo poco que significará en el futuro.

jueves, 13 de noviembre de 2008

LA BELLEZA DE LA POESÍA




QUÉ ALEGRÍA VIVIR...

Qué alegría vivir
sintiéndote vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser, por el que miro el mundo,
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era solo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

Pedro Salinas, La voz a ti debida (1933)

Profesor universitario en La Sorbona y Cambridge, poeta, ensayista y dramaturgo, fue uno de los más grandes poetas de la llamada "Generación del 27", en cuya nómina se incluyen nombres de la talla de Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda o Vicente Aleixandre. Como la de sus colegas, la poesía de Salinas se sitúa en un punto de equilibrio entre la pureza estética y la poesía auténtica, preocupada por los problemas del hombre.

Este poema fue publicado dentro de la obra La voz a ti debida, formando parte de una trilogía amorosa inspirada en su amor por Katherine R. Whitmore, una estudiante americana a la que conoció en el verano de 1932. La relación se mantendría viva por espacio de quince años en forma epistolar, a pesar del intento de suicidio de su mujer al descubrir el affaire.

Yo aprendí estos versos con 10 años. Entonces no me decían mucho, pero sólo hay que darle tiempo al tiempo. La poesía no se explica, se siente. Así que, haced un alto en el camino y disfrutad de la belleza.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

LAS SEIS COSAS SIN IMPORTANCIA QUE ME HACEN FELIZ


Siempre supone un reto mostrarnos tal como somos a los demás. Sin embargo, esa desnudez, sentida como frente a un espejo, deja en evidencia nuestra miserias y también nuestras grandezas. 
Por elección de Liber Martínez, y siguiendo el juego de "Las seis cosas sin importancia que nos hacen felices", paso a la lista de tareas.

1.- Enlazar a quien te ha elegido.

2.- Decir seis cosas sin importancia que me hacen feliz.
- Contarles a mis hijos su cuento para ir a dormir y ver la sonrisa fresca y clara de Lucía mientras Alex lo rompe todo y su madre le persigue.
- Hacer montañas de libros a mi alrededor y no descansar hasta terminarlos todos.
- Tener mi mesa tan desordenada y llena de papeles que nadie vea nada (pero yo veo).
- Ver la cara de mis alumnos cuando les digo: "¿A que no sabéis...?".
- Saber que les importo a todos aquellos que me importan.
- Haber entendido que, por mucho que creas saber, no sabes casi nada.

3.- Hacer constar las reglas del Meme.
- Poner el enlace de quien te ha elegido
- Decir las seis cosas que te hacen feliz
- Hacer constar las reglas del Meme
- Designar seis bloggers que han de continuar la cadena
- Avisar a los designados para que hagan lo propio

4.- Designar seis bloggers que han de continuar la cadena.
En este punto, encuentro algunos problemas. Tan solo tengo unos pocos días de edad como blogger y conozco pocos blogs. La mayoría ya han sido nominados por otros, así que daré más tarea a los que conozco. Supongo que los que ya lo han hecho, están exentos de repetir, pero me permito nominarles y así decir algo sobre ellos.
- El blog de la Liber. Liber. Una persona con tanto que decir, con tantas ganas de pelear por los vecinos de su municipio y tan llena de vida, es un acicate para luchar por aquello en lo que uno cree. Su análisis certero de la realidad hace el presente fácil de entender y su honestidad es garantía de futuro.
- Mis cosas y las tuyas. Toni. Alguien que siempre desea aprender, es alguien que siempre puede enseñar. Su carácter luchador le hace ser un ejemplo a imitar para aquellos que quieren ser mejores. Siempre tiene una palabra sabia y amiga para quien le rodea y eso no tiene precio.
- Una hartaaa!. Jorge. Quien disfruta de su trabajo al servicio de los demás, transmite esa generosidad que sólo unos pocos son capaces de poseer. Su carácter hace que las cosas malas parezcan menos malas y las buenas parezcan increíbles. Quién no desea que alguien así le represente.
- Mi lugar en el (otro) mundo (posible). Eva Mª. Periodista, comprometida con el mundo y con gusto literario. Buena presentación para alguien recientemente descubierto.
- Pitido inicial. César. Un amiguete a quien hace mucho que no veo, matemático de izquierdas (¿eso existe?) e interesado por el deporte (más bien por el fútbol). Su blog cayó en mis manos por pura casualidad. A ver si me escribe y nos saludamos.
- La corrala. Curro de IU Rivas. Un sitio muy recomendable con una visión interesante y personal de las cosas que pasan. Alguien con ganas de cambiar el mundo.

martes, 11 de noviembre de 2008

BARACK HUSSEIN OBAMA O EL NUEVO PROMETEO


Estimado presidente electo:
En todo el mundo hemos asistido espectantes a su victoria electoral. Jamás unas elecciones americanas habían despertado en el resto de naciones una esperanza tan sin sentido y, a la vez, tan razonable. Algunos dirigentes nacen en palacios y otros en establos. Pero sólo algunos son fruto de la imaginación. Y usted ha reinventado ese manido "sueño americano".
Muchos grandes personajes, de las más variopintas y contrapuestas ideologías y procedencias, han expresado su alegría: Desmond Tutu, primier arzobispo sudafricano negro de la iglesia anglicana y premio Nobel de la paz; Bernard-Henri Lévy, filósofo francés, nacido en Argelia, crítico con los dogmas de la izquierda radical surgida de Mayo del 68 y defensor de la libertad de pensamiento; Amartya Sen, economista indio, premio Nobel de economía y conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, la economía del bienestar y la pobreza; Mohamed ElBaradei, egipcio, premio Nobel de la paz y director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, encargado por la ONU de certificar el desarme de Irak antes de la guerra; o Vaclav Havel, último presidente de Checoslovaquia y primero de la actual República Checa, opositor histórico del muro de Berlín.
Y es que es usted un presidente "extraño" en Estados Unidos. Nacido en Hawai, hijo de doctores universitarios, de padre keniata y padrastro indonesio, residente en Yakarta, Honolulu, Los Ángeles, Nueva York y Chicago, senador de Illinois desde 1997, senador de Estados Unidos desde 2005, activista contra el armamento nuclear y a favor de los derechos humanos, las energías renovables y el medioambiente, cristiano protestante, primer candidato demócrata negro, primer presidente americano negro... Incluso, primer presidente negro de la revista jurídica de Harvard. Ha sido usted el primero en todo, ha abierto camino.
Para las naciones musulmanas, usted ofrece nuevas perspectivas de diálogo y la posibilidad de que la política de la diplomacia sustituya a la política de la guerra y a la teología del terror, provocando el acercamiento de países con los que, hasta ahora, sólo había conflicto. Su figura se ve como la oportunidad de que Estados Unidos rectifique la arrogante unilateralidad que condujo a la desastrosa invasión de Irak y a la fallida estrategia antiterrorista en Afganistán. Usted representa la esperanza de lograr el cierre de Guantánamo, de explorar iniciativas viables para la paz en Oriente Próximo.
En África, es visto como la esperanza para que su país cumpla con los derechos humanos, disminuya las desigualdades sociales y ayude a terminar con los genocidios que se reproducen por todo el continente africano.
En Europa, su elección se ve como promesa de aires nuevos y cambios significativos. Se espera el fin del rechazo del protocolo de Kyoto y el compromiso con el cambio climático. Se espera que acabe con la tozuda resistencia a firmar el Estatuto de Roma para la creación del Tribunal Penal Internacional. Se espera que la grosera visión americana de que son el único equipo de la División de Honor y juegan solos, de paso a otra en la que el entendimiento y la colaboración estén por encima del patriotismo como justificación de todos los excesos.
Sinceramente, señor Obama, creo que el mundo espera mucho, quizá demasiado, de usted. Y es que con su discurso ha embaucado a gran parte de los terrícolas. Sin embargo, mucho me temo que necesitaríamos alguna fuerza extraterrestre para lograr que ciertas cosas cambiaran. El asno y el elefante, nunca fueron animales de grandes cambios y, por mucho que usted sea, con perdón, un asno negro, tiene usted mucha carga sobre los lomos.
Ya sabe usted (o no) que la mitología griega señala a Prometeo como creador de los seres humanos y a su hermano Epimeteo como creador de los animales. Ambos titanes, hijos del titán Jápeto y de Asia, una de las hijas de Océano, fueron encargados por Zeus de la creación de los seres vivos. Tenían a su disposición cierto número de cualidades, en cantidad ilimitada, con las que podían dotar a su gusto a los seres. Epimeteo, irreflexivo en exceso, creó a los animales, repartiendo entre ellos prácticamente todas las cualidades de las que disponía. Les dio la fuerza, la velocidad, la astucia y el valor. Prometeo tuvo que reparar, en la medida de lo posible, la imprevisión de su hermano. Para ello, tuvo que robar a los dioses el fuego celeste, único medio para paliar la inferioridad física y psicológica a que los hombres parecían abocados.
Sin embargo, señor Obama, tanto si es usted hombre como si es asno, le auguro un pronto aterrizaje forzoso sobre la realidad y, entonces, no sé si todas las virtudes de los dioses unidas serán suficientes para su tarea de cambiar este mundo.
En todo caso, recuerde que la venganza de Zeus por el robo del fuego fue terrible. Envió a los hombres a Pandora, una criatura funesta, contenedora de todas las desgracias imaginables, e ingenió para Prometeo un suplicio muy especial: fue encadenado a un monte del Cáucaso donde, cada día, el águila de Zeus (curiosamente hija de Tifón y Equidna y, por ende, hermana del can Cerbero) devoraba su hígado, que se regeneraba de noche, para convertirse en pasto, siempre fresco, del ave, por toda la eternidad.
Creo que usted es bastante menos hábil que el titán Prometeo y, a pesar de sus buenas intenciones, de las que no dudamos, debe usted demostrar que está a la altura de tal comparación, dado que para muchos es usted el nuevo bienhechor de los hombres.
Veremos, Prometeo, si puede usted seguir rezando "Yes, we can".

domingo, 2 de noviembre de 2008

ANIMALES POLÍTICOS: CERBERO O LA NECESIDAD DE MEARSE ENCIMA


Sinceramente, y hablando como reciente afiliado de IU, "sin contaminar" aún por parte de ninguna de las "corrientes", debo decir que este no es, desde ningún punto de vista, el partido político en el que yo deseaba militar.
Ya desde las pasadas elecciones generales se ha venido precipitando el proceso de descomposición de lo POCO que queda de Izquierda Unida. Porque, por mucho que todos os queráis empeñar en repartiros el botín, he de daros una mala noticia: ¡¡no hay nada que repartir!! Por si el hambre desmedido de poder no os permite ver con claridad las cosas, me permito recordaros a todos que en la actualidad Izquierda Unida posee tan sólo 2 diputados, lo que supone algo más de 321.000 votos menos que en 2004 y la pérdida de 3 diputados. Soy consciente de que todos conocemos estos datos, pero creo que no estamos trabajando con la serenidad de quien acepta e interioriza los reveses. Y dejémonos de llorar porque la ley electoral nos perjudica, que lo hace y mucho, porque, ¡entérense bien!, nadie la va a cambiar.
De este modo, mi presencia en la IX Asamblea de IU de la Comunidad de Madrid en su fase Federal no ha hecho sino abrirme los ojos. Yo no soy político. Soy profesor. Y mis licenciaturas no tienen que ver con el campo de la política sino de modo colateral. Pero, por lo que parece, ser animal político nubla la mente y provoca miopía y astigmatismo crecientes, que se manifiestan de modo agudo en una querencia insalvable a mirarse el propio ombligo. De otro modo, no se entiende que todos los grandilocuentes oradores hablaran de unidad, de refundación, de renovación y demás palabras gruesas, vagas y vacías, pero se presentaran tres candidaturas distintas.
A su vez, no se ha querido votar ninguno de los famosos tres documentos políticos de las tres corrientes a la Asamblea Federal (interesante pero vacuo intento), supuestamente para "facilitar un acuerdo político superador de los documentos iniciales". Y, sin embargo, se presentan tres candidaturas (curiosamente alineadas con cada uno de esos documentos). Los unos dirán que el PCM no ha querido aceptar la declaración política de IU-CM por una dirección unitaria, los otros que su alternativa no se ve representada en esa declaración. Y el resultado final es la inexorable caída al vacío de la desaparición.
Nuestro partido, a mi modo de ver, se asemeja al terrible can Cerbero, el monstruoso perro que guardaba la entrada del Hades, hijo de la ninfa dragona Equidna y de Tifón, el dios alado que adoptaba la forma de huracán destructor. Tenía como misión impedir la salida a los muertos y la entrada a los vivos. Su sola presencia era aterradora y, según la descripción de Dante en su "Divina Comedia", su pelo era graso y negro, sus ojos atroces, su vientre ancho y sus uñas hechas para desollar almas. Tenía cola de serpiente, el lomo erizado de víboras y... sí, tenía tres cabezas. Cada una de ellas formaban parte del mismo cuerpo y trabajaban de forma conjunta (vaya, en este punto falla la semejanza) para reducir a todo aquel que intentara cruzar la puerta. 
Podemos engañarnos pensando que los electores son (somos) imbéciles, poco ilustrados o carentes de lógica política y que la debacle de las pasadas generales responde sólo al "tsunami bipartidista" (curiosa expresión) y a la injusticia de la ley electoral. Y podemos, en consecuencia, seguir alimentando nuestra división y nuestros discursos llenos de rencor y vacíos de significado.
Entiendo que lo que pueda decir un animal no-político como yo, les importa bien poco a los animales políticos que se deben a sus impulsos instintivos territoriales de mearse encima de todo y de todos los que piensen distinto (incluso ligeramente distinto). Sin embargo, mis impulsos instintivos de supervivencia y perpetuación me obligan a expresar en libertad mi punto de vista, aunque sea para clamar en el desierto.
Pero que nadie se alarme. ¡¡Tengo la solución!! Bueno, al menos tengo algunas ideas. Y si Cerbero tiene a bien tomarlas en consideración, quizás salga de su enfermedad. En la mitología griega, varios héroes lograron descender vivos a los infiernos y dominar al can.
El poeta Virgilio ayuda a Dante a calmar a Cerbero arrojándole dos puñados de tierra a la cara.
Heracles, cuyo trabajo número doce consistía en llevar a Cerbero ante Euristeo, lo aferró con sus brazos y lo llevó casi asfixiado a su presencia.
Orfeo logró amansar al monstruo con la música de su lira y, finalmente, dormirlo, en su visita al inframundo para devolver a su mujer Eurídice al mundo de los vivos.
Hermes, el dios mensajero de los viajeros y el ingenio, guía de las almas en el inframundo, logró dormirle con agua del Lete, río del Hades que provocaba el olvido completo a quien de él bebía.
Eneas, héroe de la guerra de Troya, consiguió franquear la entrada al Hades gracias a un pastel soporífero que la sibila, mujer con poderes para la profecía, arrojó a Cerbero.
Sólo veo dos problemas a estas soluciones: en primer lugar, debe ser el propio Cerbero el que desee activamente curarse. Y, en segundo, necesitamos un héroe, un Virgilio, un Heracles, un Orfeo, un Hermes, en fin, un Eneas, que sea capaz de dominar al monstruo y sus tres cabezas.
De la intención del partido por curarse no hay por qué dudar. Pero, ¿habrá algún animal político, de esos que se mean encima de todo, que se atreva a tomar las riendas y deje a un lado tanto discurso hueco, para que pueda renacer un nuevo ser con una sola cabeza, una sola intención y una sola voz? Si no existe tal personaje (o personajes), podemos dar por muerto a nuestro Cerbero que, para siempre, quedará encerrado en el Hades.
Veremos dónde queda la valentía al bajar del atril.

jueves, 30 de octubre de 2008

PRESENTACIÓN DE CALÍGULA


Nunca he tenido necesidad de presentarme, dado que todos mis súbditos me conocen y me aman. Sin embargo, y sólo por esta vez, me presento ante vosotros. 
Soy Cayo Julio César Augusto Germánico, emperador de la dinastía Julio-Claudia. Hijo de Julio César Claudiano, llamado Germánico, y nieto adoptivo del emperador Tiberio César Augusto. Goberné Roma entre los años 37 y 41. 
Julio César pasó a la historia como el gran general de la Guerra de las Galias y último Dictador de la República. César Augusto como el gran político de la Pax Augusta y primer emperador del Imperio. Yo, por mi parte, soy conocido como el emperador más cruel, caprichoso y amoral de la historia de Roma. Charlatanes como Filón o Séneca y mentirosos como Suetonio, Tácito o Dión Casio han tergiversado los hechos y han logrado presentarme como un monstruo. Me acusaron de libertino y depravado en mi vida privada; me tacharon de cobarde e incompetente en el campo de batalla; me tildaron de extravagante y avaro en mi gestión del Tesoro Público; me describieron, en fin, como a un demente y un desequilibrado, el peor emperador de la historia de Roma.
Y, sin embargo, no es así como yo me recuerdo durante los escasos cuatro años de mi reinado.
Todo el Imperio me conoce por mi sobrenombre. De pequeño, los soldados de mi padre, a quien acompañé en sus guerras por Germania, me apodaron, ridículamente, "Calígula", como diminutivo de las sandalias que vestían y que eran llamadas "caligas". Me crié en un ambiente militar, rodeado de guerra, torturas y ejecuciones. Aun así, desde muy joven me atrajeron sobremanera el baile, el canto y el teatro, pasiones que me acompañarían hasta el final de mis días.
Durante los últimos años de mi vida decidí usar el poder que poseía para llevar la lógica a sus últimas consecuencias. Decidí elegir en libertad sobre todas las cosas, porque el mundo, tal como está hecho, no es soportable. Os aseguro que si hubiera podido escoger a mi padre, no habría nacido todavía. 
Por eso, cuando murió mi hermana Drusila, necesitaba la luna o la felicidad o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no fuera de este mundo. Y fui en su busca, mas nadie me entendió. Así que, de vuelta, me propuse ser libre y actuar a mi antojo. Obligaría a los patricios del Imperio a desheredar a sus hijos y a testar a favor del Estado. Conforme a mis necesidades económicas, iría matándolos, siguiendo el orden de una lista arbitrariamente establecida. De este modo, yo, heredaría. Había comprendido la utilidad del poder. Da oportunidades a lo imposible.
Tras tres matrimonios, mi cuarta esposa, Milonia Cesonia, me dio la única hija que tuve, Julia Drusila. Sin embargo, los patricios no soportaban mi libertad, puesto que era su condena. Tramaron un complot contra mí, dirigido por Casio Querea, comandante de la guardia pretoriana. A comienzos del año 41, me dieron muerte junto con mi mujer y mi hija. Mi tío Claudio fue proclamado emperador y vengó mi muerte ejecutando a los cabecillas del complot.
Soy Cayo Julio César Augusto Germánico, hijo de Germánico y nieto de Tiberio, y fui el hombre más libre sobre la tierra. ¿Qué has hecho tú que merezca la pena ser contado?
Aún tienes tiempo.
Hazlo.
CALÍGULA.

lunes, 27 de octubre de 2008

PRESENTACIÓN DE ÍCARO


Amigos míos. 
Dado que vamos a ser compañeros de viaje en este vuelo sobre las nubes, no estará de más que nos conozcamos.
Mi nombre es Ícaro, hijo de Dédalo y una esclava de Minos. Mi padre fue ingeniero, inventor y arquitecto de fama. Los celos le hicieron matar a su aprendiz, que amenazaba con superar su genio, y fue condenado al exilio de Atenas. Se refugió en Creta, en la corte del rey Minos, donde yo nacería. 
Allí, para complacer a la reina Pasífae, inflamada de deseo hacia el prodigioso toro que Poseidón había ofrecido al monarca, mi padre ideó un ingenioso artefacto consistente en una vaca de madera recubierta de cuero, gracias al cual la reina, escondida en su interior, pudo unirse al animal. De esta unión nació el Minotauro, monstruo de cuerpo humano y cabeza de toro. A petición de Minos, Dédalo construyó un intrincado laberinto donde el monstruo quedó confinado.
El rey cretense exigía anualmente a los atenienses un tributo humano, un desdichado jóven que acabaría siendo devorado por el Minotauro. Teseo, se ofreció voluntario y consiguió matar al monstruo. Sin embargo, para salir del laberinto necesitó la ayuda de Ariadna, hija de Minos, enamorada de él y a quien mi padre proporcionó el ovillo de hilo que mostraría a Teseo la salida. La princesa huyó con él, aunque el voluble héroe no tardó en abandonarla.
Minos, furioso con mi padre, nos encerró a él y a mí en el laberinto. Entonces, construyó unas alas enormes hechas con cera y plumas. Bien fijadas a la espalda y los brazos de ambos, logramos huir del horrible laberinto. Mi padre me dijo que no volara demasiado bajo, porque la espuma del mar mojaría mis alas. Pero me advirtió que tampoco volara demasiado alto, ya que entonces el calor del sol derretiría la cera de la que estaban hechas.
Sin embargo, el orgullo me impulsó a la desobediencia. Embriagado por el poder que me conferían las alas, quise acercarme un poco al sol, quise verlo de cerca. Sentía una especie de atracción insuperable. Y tanto me acerqué que la cera de mis alas se fundió y, ¡Oh, imprudente de mí!, me precipité al mar Egeo y mi padre contempló cómo me ahogaba ante sus ojos. Él logró llegar, sano y salvo, a Sicilia, a la corte del rey Cocalos.
Fui engullido por el mar por querer ir más allá de lo razonable, más allá de lo lógico, siempre más allá. Quise creer que tocaría el sol y viviría para contarlo. Y aunque no lo conté, otros lo hicieron por mí. Otros hablaron de mi hazaña y siguen hablando hoy.
Soy Ícaro, hijo de Dédalo, y toqué el sol con mis manos de mortal. ¿Qué has hecho tú que merezca la pena ser contado? 
Aún tienes tiempo. 
Hazlo.
ÍCARO.

sábado, 18 de octubre de 2008

DECLARACIÓN DE INTENCIONES



Este foro, que comienza hoy su andadura, pretende ser transmisor de opinión. Me resulta muy gratificante la idea de escribir por puro recreo, sin ataduras de forma ni de fondo. Sin embargo, no es mi intención erigirme en portavoz de ninguna idea ni de ningún grupo. Todas las opiniones vertidas aquí son sólo eso, opiniones, mi verdad, parte de mi propia visión de la realidad. Y, por qué no, también compartiré con vosotros aquello que me divierte, lo que me enoja, lo que me interesa o lo que me revuelve por dentro.
Creo firmemente que los propios pensamientos toman forma cuando se transmiten y, en cierto modo, no son reales si son sólo nuestros. Es este el motivo de esa necesidad, tan inherente al hombre, de trascenderse a sí mismo y escuchar el eco de su voz más allá de los límites de su cabeza. Por eso hablamos, por eso escribimos, por eso nos comunicamos.
A pesar de todo, consciente, como soy, de mis limitaciones, no trato de convencer a nadie de nada. Tan sólo me atrae la posibilidad de poder expresarme en un foro abierto a la crítica y de enriquecerme con las aportaciones de otros. A cambio, ofrezco honestidad y mirada limpia. Al igual que Calígula, busco la luna, no me conformo con cómo es el mundo. Y, como Ícaro, trato de ir más allá. Tan sólo espero que mis alas no sean de cera y me permitan volar alto, tan alto como pueda.